Repetición



Cuando la decepción ha estado tan presente en tu vida, te acabas acostumbrando y te dices a ti misma que no deberías creer en el azar, en la libertad o en las posibilidades, te dices que debes confiar tan solo en ti porque lo demás no te lo asegura nadie. Estás tan segura de ello que terminas por dejar atrás a todos los que conocías por miedo a que vuelvan a destrozarte, a tenerte en sus garras y que puedan hacer lo que quieran contigo, lo temes pero sigues adelante como si nada pudiera evitarlo. Creer en uno mismo no es tan malo, pero creer en los demás o en sus palabras, ya es algo distinto, todos podemos decir muchas cosas pero de ahí a hacerlas o cumplirlas, pueden haber por en medio mil más que no imaginábamos, incluyendo traiciones, alguien que decía ayudarte pero ya no va a hacerlo de repente o quizá, una persona que te apoyaba que ha desaparecido de tu mundo sin ningún motivo aparente. La historia de mi vida.

Se repiten las cosas una y otra vez, como si la vida necesitara más motivos para apresarte en un nubarrón de confusión. No avanzas, la ayuda parece alejada y justo en otro terreno difícil de alcanzar, aunque se mire hacia otro lado para no sentirse hundido y agotado, tan solo cabe la espera en un compendio de desesperación y palabras rotas, de tumultos de ideas diferentes que no llegan más allá de las ilusiones. Forma parte de nosotros el caer rendidos cuando algo no va bien, pero no es una opción, ¿verdad? Estamos hechos para levantarnos de nuestras torpezas más arraigadas en nosotros mismos y poner un pie delante del otro para seguir caminando entre maleza, entre críticas infundadas, entre un montón de palabras que tan solo te hacen pensar en si no tomaste una mala decisión al dejar entrar a tus monstruos en tu burbuja de paz.

Cuando las personas no entienden las cosas o buscan la razón en algo, no se les puede cambiar, así que, es preferible callar y seguir con esa espera irrefrenable que ha aparecido en tu vida por puro capricho, sin poder estar como realmente querrías y con quién sueñas estarlo, esperando que todo no sea una ilusión barata que te vende tu mente y que jamás ocurrirá porque siempre te pasa lo mismo. Quizá, destinada al fracaso o al ocasional éxito, pero siempre cayendo en la misma trampa para novatos, en el mismo pozo sin sentido en el que se van convirtiendo tus días, sin saber cuándo o cómo podrás salir de ello, ¿un día al azar?, ¿el momento determinado que tú pensabas? o, ¿apareciendo sin pensarlo dentro de unos años cuando desesperación no es más que una palabra?

Terminamos siendo presas de nuestro propio destino, de nuestras lágrimas y deseos, desesperados por conseguir aquello que soñamos pero sin saber si mañana permaneceremos. Nuestra fuerza nos llama para levantarnos de la cama, para seguir respirando y para creer que algún día todo este desastre volverá a endulzarse y ponerse de nuestro lado, ¿otra ilusión barata? o, ¿nuestros días volverán a florecer como lo hacían antes? Es complicado no sentir dudas, pensar en qué debería cambiar y en cómo debería ser, en lo que creemos y soñamos cada día, en las consecuencias que eso acarrea y preguntarte continuamente si, al final del camino, lo conseguirás o se quedará pendiendo de un hilo hasta al final caer sin haber encontrado el momento perfecto para hacerlo realidad.

Te comprometes y acabas siendo controlado o manipulado por alguien, quizá sometido. Siempre estás en una jauría de lobos interminable, con un problema más gordo del que tenías y, cuando pretendes salir, te ves envuelta en el rencor o el odio de los demás, como consecuencia de tu propia catástrofe. Y así es la vida, ¿no? Llena de exigencias y dudas, de momentos en los que dejarías escapar la oscuridad que llevas dentro por pura necesidad y dejando entrever quién eres en realidad, algo que tenías atrapado, algo que preferías que no existiese porque es como un volcán en erupción y no sabes si podrás pararlo una vez empezado porque tienes claro que no piensas con claridad cuando te comportas así. Piensas en lo que has ido haciendo y parece que no tenga sentido, parece que el luchar continuamente haya sido un esfuerzo en balde, buscar a nuestro alrededor la forma de arreglar las cosas ha sido como ensombrecer más nuestros destinos y temer que nada cambie sea nuestro día a día como si nada más importase.

Cuando te dicen: "Si estás así, te aguantas". Me parece perfecto, pero en un futuro no muy lejano, espera que te diga lo mismo porque cuando estaba ahogándome en la mierda que quizá yo misma creé, no fuiste capaz de echar una mano. Ya sabemos dónde está el lugar de cada uno, cómo son las esperas y las malas decisiones pero no habría cambiado a esa persona especial a la que ansío oír su voz cada día y la que me anima a seguir adelante, esa voz tranquila que me dice que todo irá bien; hubiera tomado las mismas decisiones con tal de estar a su lado. No lo cambiará ni la distancia, ni las dudas en nuestro futuro, ni el montón de inconvenientes que han surgido a nuestro alrededor hasta un punto en el que el desorden diario forma parte de nuestras vidas, en el que los demás nos influyen directamente y en el que creen que pueden decidir como si no importara nuestra opinión en absoluto, como si el chantaje emocional formara parte de algún acuerdo absurdo que llevar a cabo para conseguir lo que uno quiere, aunque para mí es un juego sucio.

Las críticas son como las palomas, sí, siempre vuelven al nido. Para mí terminan siendo quejas sin fundamento y si te esfuerzas en no criticar a nadie, a ver por qué narices tienen que hacerlo contigo. Recordando lo que dijiste que, cuánto más feliz eres, más cosas malas interfieren en ello, en lo que quieres, pensando que, al menos, lo que sientes es lo único puro que puede haber en la complicada situación, la que no avanza y se queda estática, la que te obliga a esperar, la que te dice una y otra vez que no te mereces otra vida y que no debes seguir en lo que tenías en mente. Las flores se marchitan, las sonrisas desaparecen, las ganas de hacer cosas distintas se disipan, la voz se quiebra y las horas pasan sin siquiera darte cuenta de ello, sin querer pensarlo porque es mejor así, entreteniéndote con cosas más amenas para no tener que pensar en cómo lo estás llevando, en lo complicado que se va a poner y en el montón de cosas que tienes cogidas con pinzas, en el puro hacer y sin poder controlarlas e intentando aprender a hacerlo día tras día sin derrumbarte ni un solo minuto.

¿La verdad? Es agotador. Mirar los ojos de cada persona que pasa a nuestro lado y preguntarte si será esa la que nos va a traicionar, si es esa la que nos va a repetir las cosas un momento tras otro y si es la que nos recordará nuestros errores constantemente, la que nos echará en cara nuestros fallos más persistentes y la que se quedará a nuestro lado para recordarnos lo patéticos que somos y faltos de sentimiento. Eso no lo sé, tampoco sé cómo saldrán las cosas y, mucho menos, vamos a caer en la voz del azar como si nada ocurriese, las riendas de las cosas se deben coger con ambas manos y pensar que las lágrimas también se secan, que los labios pueden esbozar sonrisas de vez en cuando y alguien pensar que son preciosas, e incluso, recordar momentos observando el amanecer o teniendo claro que tu fuerza interior es lo único en lo que tienes que poner todo tu apoyo y tú eres la/el único/a en la que tienes que confiar, no pases el límite, te decepcionarán. Recuérdalo.


Espero que os haya gustado mi entrada, lectores, llena de inspiración y creatividad con los adjetivos. Un beso y un abrazo a todos.

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