Sueños:



Todos tenemos sueños, ya sea, viajar por todo el mundo, ser independiente o cualquier cosa que cada uno desee en su vida. Tener sueños es increíble aunque todavía no esté presente en nuestras vidas, e incluso, estar en varios lugares a la vez con tan solo cerrar los ojos y poder ver aquello que quieres justo delante de ti como si por fin se materializara, como si todo se alineara a tu favor y consiguieras exactamente aquello que más deseabas; aunque te llevas un chasco al abrirlos otra vez porque nada de lo que ha florecido en tu mente está presente en tu realidad.

Los sueños nos dan esperanzas, intenta completarnos, darnos un motivo por el que seguir adelante con nuestros proyectos, tratar de avanzar de alguna manera. Forman parte de nosotros mismos en cuanto a que fluyen desde dentro, de lo más profundo de nuestro interior, intentan decirnos algo que necesitamos, viendo que tenemos una carencia que ocupar. Son situaciones que nos gustaría tener en nuestra vida pero que todavía no han llegado, quizá porque no es el momento. A veces, nos frustramos porque no se cumplen, nos enfadamos porque no llega el momento en el que compramos el billete para viajar por todo el mundo o no tenemos el dinero suficiente para alquilar un piso y vivir con la persona que amas.

Los sueños nos indican aquello que más deseamos en esos momentos. Se quedan dentro de nosotros y lo compartimos con otros de forma tan normal y amena, nos encontramos con que otros coinciden con los mismos sueños que nosotros y con que ha llegado el momento de que otros tengan lo que más desean, no puedes evitar sentirte presa de la envidia, de la frustración o la impotencia de que no puedes hacer nada para avanzar más rápidamente. Pero cuando cerramos los ojos nos relajamos ante este hecho, te empiezas a volver adicta a verlo constantemente, prefieres estar dormida que despierta, dado que, esas imágenes cruzan tu mente con una fluidez que te sorprende y te hacen sentir feliz en ese momento. Al despertarte no tienes nada, al menos, el sentimiento permanece y la calma te embriaga porque, aunque no lo tengas, aparece la mínima esperanza de que algo así podría ocurrirte, algo tan maravilloso como lo que había en tu mente.

No dejas de verlo constantemente, incluso en la fase rem del sueño, no es nada inquietante, nada que deba crearte terror u odio, es algo maravilloso que pasa de tu interior hacia tu mente, hacia el exterior mismo sin saber exactamente si en un futuro próximo ocurrirá o no, la duda puede llegar a ser incluso hasta molesta, tratando de quebrantarte, de hacer que vuelvas a desilusionarte, justo como cuando abriste los ojos la última vez que los cerraste. A veces, tenemos pocas opciones o casi nulas para hacer aquello que queremos, pero los sueños son gratuitos, ¿verdad? Imaginamos de forma continuada e intensa aquello que necesitamos, aquellas cosas que nos gustarían cambiar de nuestras vidas, aquello que no está bien a nuestro alrededor y nuestros pensamientos terminan siendo cautivos de pensamientos negativos, de esos que consiguen atraparnos entre sus manos gélidas e inquietas para que des un paso en falso en un momento como aquél. 

Se vuelve cada vez más real, lo sientes cada vez más intenso, intentando no desesperar, respirando hondo y tratando de pensar positivamente sobre el asunto, intentando encontrar la forma de conseguir ese sueño, de caminar hacia él con paso firme, jamás me gustó ir a tientas, jamás quise transformar mis deseos en completa inseguridad, no quería que fueran víctimas de la negatividad que puede embaucarme en ocasiones, prefiero que estén limpios de todo ésto para que puedan llegar a cumplirse de verdad y poder seguir adelante tal y como siempre he querido. Las cosas siguen su curso y conforme pasan los días, los meses y los años, tienes muchos más sueños que cumplir, quizá más elevados que los anteriores o quizá otros que no tienen mucha trascendencia.

Nos vamos transformando poco a poco, al igual que nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, al igual que, nuestro interior. Todo ésto va pasando por sus fases, al igual que los sueños, que también tienen su momento y lugar dentro de nosotros mismos y hacen que deseemos aquello que queremos tan profundamente que nos duele incluso. Podemos llegar a sentirnos atraídos por cada momento feliz que permanece en él, por cada palabra que puedes escuchar y cada mirada que te hace sentir como en casa.


Espero que os haya gustado la entrada, lectores. Un beso.

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