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Anoche hubo un acontecimiento que para mis acompañantes fue curioso, pero era algo a lo que estoy acostumbrada, dada la práctica en otros momentos de mi pasado. Fuimos a lo que viene a ser un sitio de tapas pero donde la gente piensa que es más bien un pub por el tema de la música y demás, y digamos que todos parecían copias, sin ánimo de ofender a nadie.

La música no estaba demasiado alta, es más, habían canciones rock que estaban bastante bien y es obvio que suele gustar, lo que se pasaba un poco de tono eran las personas con esas voces malsonantes y las que usaban para gritar, porque entre unos y otros parecían no oírse; ese fue el primer acontecimiento incómodo. En todo momento, necesitaban atención, que les miraran debido a su forma de vestir y, en el caso de las chicas, llevaban medio kilo de maquillaje como si para salir fuera necesario ir pintada como un payaso. Después estaban los maleducados que, para cambiar la copa de cristal a una de plástico ni siquiera saludaban al camarero, la cambiaban y la mirada de indiferencia parecía la protagonista. Por último, los pervertidos que solo buscan el culo de una tía, no es que me dé envidia ni nada por el estilo, pero si lo único que tiene en mente la juventud de hoy en día es tan solo meterla en un agujero, el mundo se va a la mierda.

El ambiente en cuanto a música y demás estaba muy bien, se estaba perfectamente pero había que gritar para poder oírse, eso ya era un poco más incómodo. En mi opinión, cuando quedas con otras personas y quieres tomar algo, es mejor poder escuchar al otro y poder hablar de la misma manera que no intentar hacerlo e ir perdiendo palabras por el camino. También hubo algo que sí nos llamó la atención, no porque estuviera atenta a esa mesa en particular porque me daba bastante igual, pero estaban sentados tres chicos, entran dos chicas y empiezan a hablar con ellos, una de ellas bastante flaca, maquillada como un payaso y enseñando media barriga y piernas que con el frío que hacía no sabía cómo no se metía debajo de la mesa a tiritar, pero bueno, a lo que íbamos. Se sientan al lado de los chicos pues para lo típico, para tontear un poco, pues se ve que uno de ellos le dice algo a la oreja a la morena, no le debió gustar y le tiró el servilletero encima, se fueron y no volvieron en el resto de noche. Ésto a ellos les importó muy poco, dado que, cuando entraron otras tías mucho más interesantes, se les fueron los ojos como si de productos del Mercadona se tratara.

Estas son las típicas cosas que no me gustan cuando voy a un sitio, a parte de que la gente cuando baila y se viste, parece que vayan iguales, parece que hayan quedado todos en un lugar para ponerse de acuerdo para ver qué vestimenta elegir y no es coña, es exagerado, incluyendo los peinados que eran bastante parecidos también. No saben respetar cuando están en la barra el turno del otro, para pedir tienes que esperar a que otros lo hagan para no llevarte un codazo porque les importa media mierda si el que está al lado va antes o después, si ha pedido o no, la cuestión es que les molesta. Parece que tampoco saben qué es la educación, te empujan y ni siquiera saben pedir disculpas, siguen igual de mamados y con su fiesta a la que están tan acostumbrados. Otra cosa (no lo vi anoche pero sí la semana pasada), ¿cómo no se puede saber en qué medida se bebe a éstas alturas? Terminó viniendo la policía porque uno de los chavales que salieron estaba tan bebido que se cayó desplomado al suelo; como podréis imaginar, un coma etílico, tenía una cara cuando le metieron en la ambulancia que era para verlo, oye.

Ésto ya depende de carácteres, ya que, después está el típico tío que tiene tanto nervio encima que parece un muelle porque no para de moverse, incluso de mirarle cómo se mueve, te pega el nervio, terminas estando tan inquieta como él. También las que van a la máquina de tabaco en la que estábamos unos milímetros más allá y tienen que meterte el codo en la espalda para sacar su vicio, ese que lleva un rato queriendo saciar o porque quizá no le queda, pero es mucho más importante que el paquete salga de la máquina lo más rápido posible para saciar el mono que ser educada y decirle a la persona que está al lado si se puede apartar un poco o si le has dado un codazo sin querer disculparte como alguien decente. Después las miras cómo se van tan campantes y te mueres de frío porque llevan unas falditas tan cortitas que puede vérsele hasta la ropa interior y unas medias transparentes que pasan desapercibidas y parece que no las llevaran.

Las personas están tan pendientes de ellas mismas que no cabe nadie más, tan solo su maquillaje, sus tacones, sus vestiditos cortos, sus pendientes y sus carteras, en el caso de los chicos, sus miradas de incontinencia sexual (pero también hay mujeres así) porque parece que no tienen otra cosa que pensar, tan solo les importan los pechos y los culos ajenos para tocarlos y si te he visto no me acuerdo, unos amores oye. Creo que deberíamos mirar más allá de estas cosas, el interior mismo de las personas, sus reacciones en ciertos momentos, observar los detalles y encontrar lo que verdaderamente importa, disfrutar de la compañía, sin gritos, sin ser tan superficial y empezar a darle mucho más a las palabras, a los sentimientos expresados y a las pequeñas cosas que hacen que observes más a la otra persona, que la atiendas más, que la aprecies por quién es y la quieras por la forma incluso, de cómo te mira.


Espero que os guste la entrada y si queréis comentar, estáis invitados. Un beso.

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